<?xml version='1.0' encoding='UTF-8'?><?xml-stylesheet href="http://www.blogger.com/styles/atom.css" type="text/css"?><feed xmlns='http://www.w3.org/2005/Atom' xmlns:openSearch='http://a9.com/-/spec/opensearchrss/1.0/' xmlns:georss='http://www.georss.org/georss' xmlns:gd='http://schemas.google.com/g/2005' xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'><id>tag:blogger.com,1999:blog-11699459</id><updated>2012-01-17T03:23:53.708-08:00</updated><title type='text'>Panaderos</title><subtitle type='html'>Impresiones, viejos textos, borroneos en alguna servilleta o cuaderno de viaje, fragmentos de mi diario, de alguna novela sin terminar, uno que otro cuento.</subtitle><link rel='http://schemas.google.com/g/2005#feed' type='application/atom+xml' href='http://panaderos.blogspot.com/feeds/posts/default'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/11699459/posts/default?max-results=100'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://panaderos.blogspot.com/'/><link rel='hub' href='http://pubsubhubbub.appspot.com/'/><author><name>Julio Carreras</name><uri>https://profiles.google.com/102613398769440684916</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='32' src='//lh5.googleusercontent.com/-V2EMWaLI-yI/AAAAAAAAAAI/AAAAAAAAKGA/1P9YRKv4WZ8/s512-c/photo.jpg'/></author><generator version='7.00' uri='http://www.blogger.com'>Blogger</generator><openSearch:totalResults>3</openSearch:totalResults><openSearch:startIndex>1</openSearch:startIndex><openSearch:itemsPerPage>100</openSearch:itemsPerPage><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-11699459.post-111187833576907661</id><published>2005-03-26T14:56:00.000-08:00</published><updated>2005-03-26T15:12:16.866-08:00</updated><title type='text'>1-1-2002 CONVOCATORIA ARGENTINA</title><content type='html'>&lt;span style="font-weight:bold;"&gt;- COMENTARIOS -&lt;/span&gt; &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style:italic;"&gt;Tue, 1 Jan 2002&lt;/span&gt;&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;Estimados amigos:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;He recibido numerosos comentarios acerca de la CONVOCATORIA ARGENTINA, que ante el extraordinario despertar político de nuestra Patria decidí enviar hace un par de días (para quien no la recuerde, adjunto una copia en formato sólo texto). La mayoría a favor, como la del compañero Alfredo Félix Pérez Arauzo, de la Patria Grande y&lt;br /&gt;otros que sería largo mencionar e injusto hacerlo sólo de manera &lt;br /&gt;parcial.&lt;br /&gt;Esta convocatoria ha tenido ya su discreta difusión; algunos medios radiales, de internet, diarios y televisión (principalmente de Buenos Aires y Venezuela, EEUU (Miami), España, Cuba) la han publicado o comentado en programas informativos.&lt;br /&gt;Esto tiene su importancia, pero más la tiene que circule masivamente por medio de e-mail o como fuese entre sus verdaderos destinatarios: los argentinos comunes, aquellos que hoy no se sienten representados por las estructuras políticas, militares, económicas y sociales que los oprimen.&lt;br /&gt;Anoche me llamó un viejo amigo desde Córdoba. Dijo que en esta ciudad estaban organizando grupos que impulsan la gran Asamblea Popular, en todos los barrios, que es núcleo de esta propuesta. Eso es lo que debemos hacer. Dejar de hablar mucho ya y hacer. El futuro de nuestros hijos y de nuestros nietos nos lo reclama. &lt;br /&gt;Es necesario hacer otra vez el intento de quitarles de encima esta pesada carga de zánganos y parásitos que nos desangran. No podemos dejarles como herencia la condena de seguirlos manteniendo con sus padecimientos. Córdoba es la segunda ciudad más importante del país, y posiblemente la más importante políticamente, junto con Buenos &lt;br /&gt;Aires, así que enhorabuena que allí se esté trabajando para evitar que los corruptos se vuelvan a organizar e instalen otra vez el engaño.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-weight:bold;"&gt;Críticas&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;También he recibido críticas, para ser preciso tres. Una la de un milico, ex represor, de la cual no me ocuparé en absoluto, en primer lugar porque él ni sabe que yo tengo la nota que envió a sus amigos torturadores y asesinos donde intenta descalificar la propuesta. La obtuve por medio de mis amigos que observan con mucha atención a este otro cáncer -los represores- aún latente en muchos sitios de nuestra patria, luego que fueran derrotados estrepitosamente en 1982.&lt;br /&gt;Los otros dos provienen de personas que participan en el peronismo y el radicalismo, me merecen respeto (como toda persona normal) y por ello escribiré estos comentarios a sus cuestionamientos.&lt;br /&gt;Estos -los cuestionamientos- se refieren principalmente a tres puntos:&lt;br /&gt;1) Mi denostación global a la clase política, que los escandaliza.&lt;br /&gt;2) La necesidad de que el país sea administrado por personas idóneas y no por cualquier persona. Para no traicionar sus palabras con mi memoria subjetiva, he aquí el párrafo completo donde se desarrolla el tema: "Hacer asambleas de ciudades y barrios para elegir nuevos representantes se parece mucho a la construcción de los soviets de obreros, perimidos desde el tiempo en que nacieron. Además, ¿porqué &lt;br /&gt;"mejor si no son curas, ni empresarios, ni militares, ni políticos" aquellos que se elijan? ¿Qué se pretende, que sean verduleros, desocupados, estudiantes, amas de casa? ¿No tendríamos más Congreso de la Nación? ¿Cómo va a gobernar el gobierno de "unidad popular"?, ¿cómo harán las leyes los representantes de los barrios, las amas de casa elegidas por la pueblada?, ¿qué parámetros universales, justos y absolutamente democráticos se usarán para ungir a estos nuevos representantes?, ¿será solamente la virtud de no robar o no saber cómo hacerlo desde la función pública?".&lt;br /&gt;3) La supuesta volubilidad de la clase media (también con algunas caracterizaciones medio peyorativas, como decir que "luchan por sus depósitos bancarios"), la cual clase media aparece protagonizando centralmente esta gran movilización que vive hoy nuestra Argentina.&lt;br /&gt;No más preámbulos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-weight:bold;"&gt;Clase política&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;Puedo criticar a la clase política con propiedad pues he crecido en una gran familia provinciana ("gran" porque somos muchos) de donde salieron varios políticos. Luego de la lucha revolucionaria de 1955-1973 se obtuvo elecciones semilibres en la Argentina. Yo tenía en junio de 1973 23 años y acababa de quedarme sin trabajo por haber renunciado luego de pelearme con un patrón brutal. Mi tío que recién acababa de ser elegido diputado obtuvo de inmediato mi nombramiento como Jefe de la Imprenta de la Cámara de Diputados. Sin duda estaba convencido de que iba a hacer un buen trabajo, pues me conocía. Pero ello no absuelve su actitud. Lo correcto para cubrir cualquier &lt;br /&gt;puesto es: concurso de antecedente, prueba de idoneidad. Sin embargo lo contrario (lo que se intentó hacer conmigo, que no lo acepté), tiene un nombre por todos conocido: "acomodo". Este tipo de conductas fue siempre lo habitual en la clase política argentina.&lt;br /&gt;Pues bien, lo de mi tío es una niñería si se tiene en cuenta que el diputado nacional Barberis de Santa Fe (absolutamente desconocido para la mayoría de la población), tiene cuatro hijos con pensión graciable (un beneficio destinado a ancianos o discapacitados); una chica de 19 años, y tres varones, uno de 16, otro de 12 y otro de 9, si la memoria no me falla (el asunto fue denunciado por Jorge Lanata, entre muchos otros semejantes, en su programa Detrás de las Noticias, Canal 2 de Buenos Aires, la documentación probatoria fue mostrada en Cámaras). Aún esto es un negocio menor de diputados como Barberis (quien rodeado de gorilas se negó a atender a la &lt;br /&gt;periodista). Estos tipos (como dice Lanata) "están acostumbrados a morfarse un Plan Trabajar cada vez que van a la confitería" * &lt;br /&gt;La coima repartida en el Senado, según dijo su propio presidente Chacho Álvarez, rondaba los ocho millones de dólares.&lt;br /&gt;Esta clase política es la misma que viene estafando al país desde los años 50 y acumulando experiencia para sobrevivir caiga quien caiga. El deplorable Antonio Cafiero es un ejemplo paradigmático: desde los 24 años (ahora tiene cerca o quizá más de 80 y sigue currando), Cafiero se encaramó en puestos políticos de importancia, &lt;br /&gt;y luego logró meter a sus hijos. Quienes hoy simulan ser muy sensibles a los reclamos populares y posan de progresistas, pero no renuncian a manejar presupuestos personales indignantes, teniendo en cuenta que en nuestro país hay miles y miles de personas con títulos universitarios o técnicos sin trabajo, vendiendo chucherías en las calles para poder dar un pedazo de pan a sus hijos cada día.&lt;br /&gt;¿Pero por qué me afano en demostrar esto? Se podrían editar cientos de tomos solamente con los actos de corrupción de la clase política argentina, empezando desde 1852 hasta la actualidad. Cosa que por otra parte todo el mundo lo sabe, como demuestran los cacerolazos que no cesan -ni cesarán gracia a Dios**.&lt;br /&gt;Respecto de los militares creo que tampoco nadie tiene dudas ya en nuestro bendito país que esa casta de asesinos y torturadores no puede gobernar otra vez nuestra nación (nunca debió haberlo hecho). &lt;br /&gt;Astiz es su ejemplo paradigmático: fingió de un modo repugnante interesarse por los problemas de las Madres que buscaban a sus hijos desaparecidos, para ganarse su confianza y luego hacerlas secuestrar y asesinar. Más tarde torturó y violó salvajemente a una adolescente sueca, lo cual le trajo las mayores consecuencias y por eso se conoce el caso, pero asimismo era un torturador y violador constante &lt;br /&gt;de muchas mujeres, algunas embarazadas. Ese cobarde cuando tuvo que luchar en la guerra de las Malvinas se rindió sin vacilación la primera vez que debió enfrentar a un ejército de verdad.&lt;br /&gt;¿Curas? Se sabe que hoy los obispos han logrado entrar a la nueva lacra económica de los jubilados de privilegio, emparejándose en sus sueldos con los jueces (unos 4.800 dólares o más por mes). Indigna que mientras los ancianos que trabajaron toda su vida sin faltar un día en tareas dignísimas y esenciales para el desarrollo de la &lt;br /&gt;nación, como torneros mecánicos, oficiales albañiles, etcétera, y de quienes debemos sentirnos orgullosos, hacen largas colas de dos o tres cuadras bajo el sol, para que a veces les nieguen sus salarios de 200 o 300 dólares, haya "sacerdotes de Cristo" (quien dijo: las aves tienen su casa, pero el Hijo de Dios no tiene dónde apoyar la &lt;br /&gt;cabeza), supuestos sacerdotes, estén cobrando esa suma que alcanza holgadamente para mantener a dos familias de 8 miembros cada una. &lt;br /&gt;Ellos también tuvieron su cuota de colaboración con los militares asesinos que usurparon el gobierno desde 1976 a 1982 en la Argentina. También se podría hacer una enciclopedia con las estafas a la comunidad de los curas desde que comenzaron a apartarse de la doctrina cristiana y formaron una corporación, allá por el siglo IV &lt;br /&gt;después de Cristo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-weight:bold;"&gt;Idoneidad de los gobernantes&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;"Quien gobierna bien su casa, puede gobernar a la comunidad", decía Lao Tsé, allá por el 1600 antes de Cristo. Ambos críticos de mi propuesta opinan que la "gente común" no está capacitada para gobernar.&lt;br /&gt;Por el contrario, opino que quienes no están capacitados para gobernar son los políticos. Si yo fuese dueño de un supermercado a ninguno de ellos le confiaría la caja. Son terriblemente peligrosos -los políticos- pues ellos no se han puesto objetivos de bien común o ni siquiera profesionales (ese discurso lo utilizan para los giles) sino única y exclusivamente llenar sus arcas y beneficiar a quienes incorporan al radio de sus afectos (sus esposas e hijos, amantes, bastardos, cientos de prostitutas de locales adonde asiduamente concurren, amigotes, allegados, etcétera).&lt;br /&gt;En contraposición he conocido a lo largo de mi vida (gracias a Dios) a decenas de personas honestas, equilibradas, sensibles, solidarias, inteligentísimas, talentosas, buenos padres, buenos hermanos, buenos amigos, buenos vecinos, con títulos o sin ellos, de quienes ni la televisión ni la radio ni los diarios han dicho jamás una sola palabra. &lt;br /&gt;Ellos son infinitamente superiores a los políticos, ellos son los verdaderos argentinos. Hay varios en cada barrio, hay cientos en cada provincia, hay miles en todo el país. &lt;br /&gt;Ellos son quienes deben representar al pueblo y gobernar: precisamente porque nunca han apetecido cargo alguno ni les interesa el beneficio personal más allá de lo que puede aspirar una persona de clase media común.&lt;br /&gt;Quienes intentan agitar el fantasma del "comunismo" para asustar a la gente respecto de propuestas que vulneren los intereses de los corruptos deben saber que ya no es posible hacer eso, como acostumbraron en los tiempos de los militares terroristas y &lt;br /&gt;asesinos. La gente no se traga ese bolo ya. La gente ha descubierto que los políticos mienten como una norma permanente, y con la misma perversidad que la Coca Cola nos vende un líquido inútil por millones de envases, ellos nos venden su existencia inútil seduciéndonos con programas que no cumplirán jamás. Las campañas políticas lo son en verdad de marketing, su verdadero sentido es vender productos a la gente (con el agravante de que luego no se entrega la mercadería) y no presentar perspectivas políticas reales, por lo cual deben ser abolidas completamente de la vida política &lt;br /&gt;argentina.&lt;br /&gt;Quienes intentan agitar el cuco del comunismo o "los soviets", ¿podrían decirme si es cosa mejor el brutal apropiamiento de los ahorros de miles de personas que con esfuerzo y sacrificio lograron juntar 10, 20 o 30 mil pesos a lo largo de toda su vida, por medio de golpes de banco autoritarios, como los que llevaron adelante en &lt;br /&gt;varias oportunidades Cavallo, De la Rúa y Menem?... Conozco a varios ahorristas, todas personas dignísimas, que hasta hoy no pudieron recuperar sus ahorros desde el penúltimo golpe bancario de Menem, en 1990... ¡Y es gente humilde, maestros, empleados públicos, que cada mes se privaba de 20 o 30 dólares, no iba de vacaciones o hacía otros sacrificios para poder dejar un poco de dinero a sus hijos!... &lt;br /&gt;¿Este es el paraíso "democrático" que nos quieren vender como superior al comunismo?...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-weight:bold;"&gt;La clase media&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tanto la ultraizquierda como la derecha política (toda la actual), junto a la burocracia sindical y los grandes ladrones aventureros a quienes se menciona aquí como "empresarios" (Macri, Yabrán y los cientos como ellos que hay a lo largo y ancho de nuestro extraordinario país, pues a pesar de todos ellos aún existe)denostan a coro contra la clase media.&lt;br /&gt;Esto tiene una razón de ser. Por una parte, la clase media ha estado acostumbrada en nuestra hermosa Argentina a un nivel de vida digno, obtenido gracias a sus propios esfuerzos, y no va a renunciar fácilmente a esa dignidad que le corresponde por derecho. &lt;br /&gt;Precisamente ese buen nivel de vida (de los años 50, 60,70) ha permitido que varias generaciones de clase media se eduquen regularmente al más alto nivel. &lt;br /&gt;Por algo nuestros intelectuales, profesionales y técnicos son valorados en lugar preponderante por cualquier país del mundo. Y nos asombraríamos al ver -por medio de las estadísticas- que en miles de laboratorios, fábricas, empresas de todo tipo, en Europa, Estados Unidos o cualquier otra región del mundo... siempre hay algún &lt;br /&gt;argentino en puestos clave.&lt;br /&gt;Quiero decir con esto: la clase media tiene un criterio independiente y algo que a nadie debe faltar: respeto por nosotros mismos (tengo la suerte también de verme incluido en este sector de la sociedad). Por ello es la más difícil de controlar, tanto sea a través de doctrinas totalitarias (como las de los ultraizquierdistas) o manipulaciones coercitivas (como las del márketing político).&lt;br /&gt;El hecho de que este sector de la sociedad haya soportado el tremendo retroceso impuesto brutalmente primero por la dictadura militar y luego por la corrupta clase política, que los haya permitido en silencio, no significa que no haya comprendido lo que le estaban haciendo. Simplemente sentíamos que no podíamos hacer otra cosa que soportar y esperar mejores momentos (que indudablemente están llegando). &lt;br /&gt;La clase media ofrendó a la Argentina la mayor parte de los mártires de los años 70. Fueron muchos de sus mejores hijos quienes tuvieron la hidalguía y el coraje de luchar por sus hermanos más necesitados y nuestra Patria, siendo que a ellos en realidad no les faltaba básicamente nada de lo que se necesita para vivir bien. Ellos fueron asesinados, torturados, desaparecidos, sus hijos robados por los militares financiados por el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial.&lt;br /&gt;Ahora vuelve (la clase media) a reclamar lo que por derecho nos corresponde. Es lógico. Es una acción pendular inexorable de la Historia.&lt;br /&gt;No debéis olvidar que las mayores revoluciones de la historia las hizo siempre la clase media. Por lo cual es probable que se avecinen tiempos muy estimulantes y esperanzadores en nuestro país.&lt;br /&gt;  &lt;br /&gt;&lt;span style="font-weight:bold;"&gt;Gobierno&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No nos hace falta que sigan gobernando las mismas bandas de sinvergüenzas y estafadores que esperaban agazapados que termine la dictadura militar (la gran mayoría colaboraron con ella) para abalanzarse sobre las ya saqueadas arcas de nuestra nación.&lt;br /&gt;Por el contrario, nos debe preocupar más que logren establecer un gobierno y no que zozobren interminablemente, como hoy. Mientras los corruptos tiemblen, será una situación promisoria para nuestra nación. Ellos son los responsables de la miseria y el dolor de millones de argentinos, la gran mayoría de nuestro país, la VERDADERA ARGENTINA.&lt;br /&gt;Por lo cual el propósito inclaudicable hoy debe ser: &lt;br /&gt;OBTENER PARTICIPACIÓN DIRECTA DEL PUEBLO EN LAS DECISIONES.&lt;br /&gt;En cada barrio de todo el país debe deliberar la gente y elegir quienes los representen. Sin ningún gasto electoral. Simplemente a viva voz. Y elegir no a quienes se postulen, sino a quienes no quieran postularse (quienes no quieran en serio, no como la farsa que hacen algunos políticos para engañar).&lt;br /&gt;Y con estos representantes genuinos, constituir una gran Asamblea Nacional, que sea la responsable de establecer los lineamientos políticos, económicos, educacionales, sociales y legales dentro de los cuales debemos empezar la reconstrucción de nuestra Nación, destruida por estos miserables traidores a la Patria desde los años 50.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Por hoy he hablado suficiente.&lt;br /&gt;Me despido con un gran abrazo y mis deseos de que el año 2002 (suerte, porque es capicúa) sea para los argentinos un año de Libertad.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Julio Carreras&lt;br /&gt;Escritor - Periodista&lt;br /&gt;c/Luis Pinto 694&lt;br /&gt;Autonomía&lt;br /&gt;Santiago del Estero&lt;br /&gt;Tels. 054 385 439 4700 y 439 0793&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;    &lt;br /&gt;* Para los que no son argentinos: el Plan Trabajar es uno de los tantos recursos asistencialistas que inventó el gobierno para calmar un poco a los desocupados. Se otorga por dos o tres meses, bajo contrato, y consiste en pequeños sueldos de entre $ 150 y 200 para realizar trabajos como cuidar plazas, tejer, bordar, o en muchos &lt;br /&gt;casos meramente cumplir horarios en ciertas dependencias gubernamentales.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;** Cuando digo Dios me refiero al Dios de la Bondad, el Padre de Nuestro Señor Jesucristo, o Alá, o los venerados por todas las religiones del bien, y no el dios a quien invocan en la carátula del dólar ("In God we trust") de quien tengo serias sospechas pueda tratarse efectivamente de Satanás. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Argentina | AGP&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/11699459-111187833576907661?l=panaderos.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://panaderos.blogspot.com/feeds/111187833576907661/comments/default' title='Post Comments'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=11699459&amp;postID=111187833576907661&amp;isPopup=true' title='3 Comments'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/11699459/posts/default/111187833576907661'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/11699459/posts/default/111187833576907661'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://panaderos.blogspot.com/2005/03/1-1-2002-convocatoria-argentina.html' title='1-1-2002 CONVOCATORIA ARGENTINA'/><author><name>Julio Carreras</name><uri>https://profiles.google.com/102613398769440684916</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='32' src='//lh5.googleusercontent.com/-V2EMWaLI-yI/AAAAAAAAAAI/AAAAAAAAKGA/1P9YRKv4WZ8/s512-c/photo.jpg'/></author><thr:total>3</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-11699459.post-111187767286647660</id><published>2005-03-26T14:51:00.000-08:00</published><updated>2005-03-26T14:54:32.870-08:00</updated><title type='text'>CONVOCATORIA ARGENTINA</title><content type='html'>Toda la clase política es responsable por la ruina de nuestro país.&lt;br /&gt;Por esto no es posible salir de la crisis con los mismos protagonistas.&lt;br /&gt;La estupidez y brutalidad de De La Rúa y Cavallo, permitió que&lt;br /&gt;comprendiéramos por fin que sus únicos propósitos eran beneficiar a su &lt;br /&gt;clase corrupta y los extranjeros que la mantienen.&lt;br /&gt;Estos que asumieron ahora son más peligrosos -los Menem, Schiarettis,&lt;br /&gt;Rodríguez Sáa, Ruckauf, Duhalde- porque son astutos. Saben mentir&lt;br /&gt;hábilmente, dividir a las fuerzas que temen, convencer con dádivas,&lt;br /&gt;pero sus objetivos son los mismos.&lt;br /&gt;Unifiquemos nuestras propuestas, para evitar que el fuego de libertad&lt;br /&gt;nacido en estos días sea nuevamente ahogado por estos siniestros&lt;br /&gt;bomberos de la injusticia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-weight:bold;"&gt;Propongamos:&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;-Inmediata renuncia de toda la clase política, excepto los&lt;br /&gt;estrictamente necesarios para la conformación de un minigabinete de&lt;br /&gt;crisis cuyo único mandato sea cumplir los puntos que siguen:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Convocatoria a una gran asamblea popular, en cada ciudad argentina,&lt;br /&gt;en cada barrio, que elija por voto directo y público a las mejores&lt;br /&gt;personas de su comunidad, preferentemente si no son políticos,&lt;br /&gt;militares, dirigentes sindicales, grandes empresarios o curas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Conformación de un Gobierno de Unidad Nacional con estas personas,&lt;br /&gt;reduciendo a la mitad los cargos políticos en toda la Nación.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Este gobierno tendrá como tarea principal reformular la política y la&lt;br /&gt;economía argentina partiendo de bases nuevas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Queridos amigos, trabajemos sobre esto urgente, y difundamos esta&lt;br /&gt;propuesta.&lt;br /&gt;Dios bendiga a los millones de bienintencionados de nuestra Patria.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Julio Carreras&lt;br /&gt;Periodista - Escritor&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style:italic;"&gt;Domingo, 30 de Diciembre de 2001 10:08 a.m.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Luis Pinto 694&lt;br /&gt;Autonomía&lt;br /&gt;Tels.: 0385 439 0793 - 439 4700&lt;br /&gt;Santiago del Estero, Argentina&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/11699459-111187767286647660?l=panaderos.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://panaderos.blogspot.com/feeds/111187767286647660/comments/default' title='Post Comments'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=11699459&amp;postID=111187767286647660&amp;isPopup=true' title='0 Comments'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/11699459/posts/default/111187767286647660'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/11699459/posts/default/111187767286647660'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://panaderos.blogspot.com/2005/03/convocatoria-argentina.html' title='CONVOCATORIA ARGENTINA'/><author><name>Julio Carreras</name><uri>https://profiles.google.com/102613398769440684916</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='32' src='//lh5.googleusercontent.com/-V2EMWaLI-yI/AAAAAAAAAAI/AAAAAAAAKGA/1P9YRKv4WZ8/s512-c/photo.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-11699459.post-111179490962390481</id><published>2005-03-25T15:47:00.000-08:00</published><updated>2006-12-22T01:28:06.540-08:00</updated><title type='text'>Fugacidad del amor</title><content type='html'>[1989] He descubierto que el amor participa en esa cualidad tan terrible de la felicidad: es fugaz. Me he resignado ya a tal condición, y una sensación de lánguida amargura me aqueja, cuando creo descubrir en alguien que llega a mí los indicios prenatales de un afecto. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;[1986] Te veo entre los rayos de sol de aquél día fresco del verano, en que nos levantamos al mediodía, tú conversaste un rato con Paulo, y hasta esa manera natural de integrarte con mi hermano de dieciocho años, esa sencillez con que él había aceptado tu presencia en nuestra casona de Buenos Aires –y tú que él estuviera allí y durmiera en una habitación cercana mientras hacíamos el amor-; te recuerdo, narrando las desventuras de tu matrimonio juvenil, las persecuciones policíacas, tu adhesión a Montoneros, tus ojos aguamarina cargados con esa honda potencia que da una vida de contrastes. Me parecía al mirar tus ojos, estar ante un lienzo del Caravaggio, de Murillo, o Tiziano. Gabriela. Gabriela Hounó.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;[Invierno de 1988] Ella camina por la orilla del mar, se acerca a un espigón, y mira el cortinado negro del cielo, que se cierne, dejando apenas un pedazo azul brillante como un remiendo alargado en el horizonte. Arriba negro, abajo azul, de la mar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;[26 de diciembre de 1986. Viernes.] He ido como a las cuatro de la tarde a la casa de mi mamá, en Recoleta. Ella está en su trabajo de la Biblioteca. Me he tirado en la cama y he encendido el televisor, sin darle sonido. Mientras disco el número de Gabriela cambio los canales. Nada me atrae, y Gabriela no contesta. Me pongo a hojear el diario Clarín, sobre la cama; marco de nuevo. Nada. En la página de Espectáculos un pequeño recuadro dice “Lito Nebbia y Los Músicos del Centro, Odeón, 20 hs.”; es hoy; si ella no está, si me ha fallado, si me ha hecho venir inútilmente y no quiere verme (mil y pico de kilómetros), voy a ir a escuchar en vivo a Litto Nebbia. Solo. Claro. ¿Con quién podría ir? Solamente me interesa Gabriela. Condición fatal del amor: es brevemente, intensamente exclusivo, a lo largo de su fútil duración. Convencido estoy, a esta altura de mi vida (37 recién cumplidos). Ningún amor dura mucho. Por eso hay que demorar, cuando lleva dirección ascendente, el momento del cenit. Pero en este caso contábamos con muy poco tiempo: dos, tres, tal vez cuatro días. No más. Luego, yo debía hacer otro viaje, para reunirme con mis tres hijas, en Córdoba.&lt;br /&gt;Gabriela había renunciado en la mitad del camino. Era evidente. O sencillamente había olvidado nuestra cita, lo cual era peor. No contestaba. Puse un video con un film de Sonia Braga pero no lo miré, fui a bañarme. Mi madre ni sabía que yo estaba. El agua caliente me cayó en el cuerpo; me miraba en el espejo y de a ratos cerraba la ducha, para ver caer y deslizarse, sobre mi piel bronceada por el sol, sobre los pelos negros de mi pecho, las gotas, que en el espejo parecían de mercurio. Me sentí bien, aunque con esa leve angustia de ir renunciando, exteriormente, a Gabriela.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;[1965] Todas las tardes iba a esperarla, al Liceo, siempre con esa angustia, esa incertidumbre, ese temor agudo de llegar y descubrir que se encontraba con otro. Se ubicaba cerca de la esquina, entre las sombras, escondido casi, casi con el deseo de que le fuera infiel realmente, como si deseara sufrir. Veía salir los guardapolvos blancos, abrirse flotando en el crepúsculo, temblorosos de invierno, y su alma empezaba a destilar la ansiedad suave de la incertidumbre, que ella se encargaba muy bien de mantener. Nunca estaba seguro de si la encontraría. A veces salía antes, a veces se escapaba entre la muchedumbre, y luego le decía que no lo había visto. Teresita Martínez. Muchacha sensual de cabello enrulado, tetas perfectas, tersas: imaginadas, rozadas apenas, como sin querer, no porque ella no quisiera sino porque él creía que a una novia no había que tocarle las tetas. Ni, menos, copular con ella. Eso se podía hacer con las sirvientas. Teresita era calentona como ella sola, trece años, mujer ya, y no sabía como inducir a JC para que explorara en sus intimidades; le tomaba la mano con fuerza, se la ponía en sus pechos, pero el rehuía, hacía como que no se había dado cuenta; beso en la boca nada más, extensos besos, transfusión de saliva, la pierna de él atenazada por las de ella bajo el delantal, Teresita temblaba como azotada por la electricidad contra la corteza acanalada del árbol, caricias procelosas, arriba del delantal blanco, apretujones y sudores: pero nada más. JC se detenía en las fronteras de la piel, no había caso: a una novia no se podía culiarla. Después, JC recordando se decía “soy un pelotudo” –“soy”, porque por haberlo sido entonces ahora lo soy. Es cierto que unos tres años después cogió con ella, cuatro veces en una sola noche, pero ya no era lo mismo: ella precozmente casada, con un hijo, reventada a los 17 años, le dijo: “No encuentro placer, en nada… ya no sé qué probar…” Y luego de la más extensa cópula en la que se mostraría decepcionada, ya al amanecer, preguntó: “¿No conoces a alguien que pueda venderme heroína?”.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;[26 de diciembre de 1986] Salí del baño contento. Cada vez que estoy limpio y perfumado me siento contento. No puedo resistir a ese placer burgués. Me fui derecho al teléfono. Disqué: 0-2-1… la característica de La Plata. En la pantalla Sonia Braga le ponía las piernas desnudas en la cintura a Marcelo Mastroiani, que la penetraba. Nada. Gabriela no contestaba. No estaba. Hija de puta. Me ha hecho venir a la macana, pensé. Bueno. Así es la vida. Se gana o se pierde, me dije. Lichtenstein no te envidiaría, se me ocurrió de inmediato. ¿Qué voy a hacer? Me fui a la casona de la Stiftung, Amntena; allí había mucha gente (ver “Encuentro con Maia”). Después, cuando salí, la razón me dictó: “vete a escuchar a Litto Nebbia con Los Músicos del Centro”, y la locura: “vete inmediatamente a La Plata”. Prevaleció la locura.&lt;br /&gt;Permanecí en la Terminal cerca de una hora. Cola para sacar boleto. Cola para entrar a las plataformas. Cola para subir a los colectivos, que iban y venían: todos a La Plata. Jamás había visto viajar tanta gente a un mismo lugar. De cada colectivo que llegaba, esperaba verla descender –incluso la veía, sólo para decirme, luego de unos minutos de desconcierto: “no no es ella”… “¿y si es?”; no me atrevía a perder mi lugar en la cola, para seguirla. Al fin me encontré viajando. Al viajar, pensaba “¿qué voy a hacer cuando llegue? Primero voy a llamar. Si no contesta, voy. ¿Y si golpeo la puerta y sale un hombre, que puede ser su marido, qué hago? Digo que me equivoqué de casa. No. Sería muy estúpido. Me distraigo en observar las bellas casitas que ornan los costados, algún tunel, algo lúgubre, por el que pasamos, para retornar a las cavilaciones: Digo que soy un amigo de Gabriela, del interior. Que quiero saludarla únicamente. No, ¡qué idiotez! ¡Al infierno! Dejo de pensar en eso y libero mi mente para la mera contemplación de los momentos. Me pongo a recordar algún cuadro de Picasso, de la Época Azul, por ratos, un observar una calle. Me digo que por primera vez voy a ver La Plata en libertad, estuve algunos años aquí, antes, pero como preso político, en la siniestra “U9”. Estaba tranquilo. Todo sucedía fuera de mí.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La Terminal de La Plata me pareció muy fea; pequeña, amarillenta, con paredes descascaradas y muy pocos negocios, cerrados. Corrí hasta un quiosco a comprar fichas para el teléfono. Me mandaron a otro que estaba fuera de la Estación, cruzando la calle. Era el único lugar donde las vendían, me dijeron. Un tipo pedía Marllboro´s delante de mí.&lt;br /&gt;Llamé.&lt;br /&gt;- ¿Hola? - me saludó, un niño. Mi corazón estaba un poco acelerado.&lt;br /&gt;- Hola, ¿está tu mamá? - pregunté.&lt;br /&gt;- Sí – contestó - ¿quién sos vos?&lt;br /&gt;Le dije mi nombre y fue a llamarla. ¿Qué había pasado? ¿Por qué no contestaban antes? Comoquiera que fuera, yo desbordaba felicidad.&lt;br /&gt;- ¿Hola? - dijo ella, y casi me muero ahí nomás.&lt;br /&gt;- Gabriela - dije (unos segundos de silencio, del otro lado).&lt;br /&gt;- ¡¡Quéé hacés, loquito!! ¿Dónde estás?&lt;br /&gt;- Aquí, en la Terminal.&lt;br /&gt;Ella dudó un instante.&lt;br /&gt;- ¿Acá… acá?...&lt;br /&gt;- Sí, en la Terminal de La Plata.&lt;br /&gt;- ¡¡Quéé loco que soos!! ¿Y qué vamos a hacer, ahora?&lt;br /&gt;- Vení. Quiero verte.&lt;br /&gt;- Oye, debo despedir a mi padre, que toma el avión dentro de media hora, hacia España… ¡Ya estaba saliendo! ¿Cómo hago?&lt;br /&gt;- No sé. ¿Habíamos quedado en vernos hoy, no?&lt;br /&gt;- ¡No imaginaba que vendrías! ¿Y los chicos? ¿Con quien los dejo?&lt;br /&gt;- Gabriela… ¿qué puedo decirte yo? ¡No conozco casi nada de tu existencia!&lt;br /&gt;- Bueno dejá… yo me arreglo… los llevo ahora mismo a la casa de mi ex marido… ¿qué hora es?&lt;br /&gt;- Las diez y cinco.&lt;br /&gt;- Bueno, a las once menos diez voy a estar allí.&lt;br /&gt;Gabriela. Había sido Montonera. Tenía disciplina. Supe que iba a cumplir.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;[Invierno de 1988] Y ese rostro de la actriz que se parece a vos como una mala caricatura, pues aunque no es fea tu belleza tenía esa leve aspereza en un rasgo, uno solo, suficiente para eludir el bonitismo, esa aura del refinamiento interior, que la actriz no posee, y el tema de Fito Páez, la voz cálida de Mercedes Sosa, la actriz de la telenovela, en la misma actitud con que tú miraste el mar cuando nos despedimos, la primera vez, repitiéndose cada día como para reafirmar la certeza de que sucedió realmente. ¿O no?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;[26 de diciembre de 1986] Llegó a las once menos diez exactamente, con el pelo mojado, un buzo amarillo con capucha, pantalón de gamuza fina y negra y chatitas. Había venido con su auto; en él dimos unas vueltas por la ciudad.&lt;br /&gt;- Conozco un lugar tranquilo en las afueras - me dijo.&lt;br /&gt;- Vos decides - le dije.&lt;br /&gt;Desfilaban los chalecitos europeos por la ventanilla. Era una noche fresca. Subimos los escalones de piedra despacio *; ella llevaba una cartera de gamuza negra, muy grande, colgando del hombro. &lt;br /&gt;Había grupos de chicas y muchachos, de entre veinte y treinta años, alrededor de varias mesas. Había un salón de baile, grande, con mesas alrededor y otro más chico. Los sillones eran rústicos trozos de árboles con formas anatómicas y sobre ellos gordos almohadones. Gabriela me siguió adonde yo quise ir. Elegí un lugar junto a una gran ventana y nos sentamos dándole la espalda. La luz era tenue, pero no impedía ver lo necesario. Una luz como la que deseaba Leonardo para su estudio. Las formas y los contornos se suavizan. Los ojos de Gabriela se manifestaban con un azul casi cobalto. Su pelo - marrón-rojizo- aparecía orlado por los reflejos de la luminiscencia exterior, que se graduaba en suave escala hasta el penacho de su frente. En el transcurso de la Terminal hasta aquí, su cabellera se había secado, volviendo a tomar su aspecto natural, finamente vaporoso.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;* Si esto fuese literatura, el detalle hubiese resultado cursi: desde los baffles, mientras subíamos, Porchetto acariciaba nuestros corazones con su letrilla: “Esta noche, es una noche sensacional”.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;[De “Encuentro con Maia”] …así me pasó luego de la primera vez por el centro, la vi pasar, piernas bellísimas, salí corriendo, nalgas subversivas entre la multitud, la llamo por su nombre tomándola del brazo, sólo para recibir una mirada feroz de la muchacha, bastante parecida, me consuelo, mezcla frecuente en Buenos Aires, de español, italiano y alguna sangre centroeuropea produciendo esa belleza que, fíjense ustedes, ya Rafael Sanzio preanunció; al fin me toca subir al colectivo veo sus ojos azules frente a mí el domingo siguiente, a las tres de la tarde, con el fondo de los antiguos marcos marrones de las puertas y ventanas del café y los autos perezosos que transcurren las calles angostas de Congreso, veo la plaza con las enormes estatuas, las palomas, el edificio reiterando en mi memoria su simbolismo ambiguo del poder en tiempos de paz, siento su abrazo, sus pechos hermosos redondos contra mi cuerpo, su boca en mí, gente pasando, mirándonos, mirasonriendo, hacemos linda pareja, siempre hice lindas parejas, la veo frente a mí sentada en la silla antigua del café, contándome que al hecho de que su padre era camarista en la época del proceso le deben el haber salvado la vida, tuvimos que irnos a Salta, cinco años metidos en el campo de mi tío, el usó su título de ingeniero agrónomo, habíamos estado con Montoneros, aquí, me dices y yo termino de aceptar que esa hermosísima mujer de voz suavemente grave está ahí, para comprobarlo te tomo de la mano un poco bruscamente y en el movimiento vuelco el vaso con soda, qué hacés loquito me dices, otra vez, te ríes, se te marca esa arruguita tan única de la comisura, me muestras tus dientes de coneja refinada, voy mirando con curiosidad los bloques de edificios por la ventana, mientras, anochece, nos metemos en un túnel negro y desembocamos sobre un puente tenebroso, todo evoca muerte, por acá se manejaban las patotas de secuestradores, me digo, cuánta muerte en mi país, mi Dios, y pienso nuevamente en vos, cómo te has metido en mí, muchacha, qué pasa, otro colectivo se ha parado en el camino y la gente haciendo señas, sonamos; nos detuvimos, el otro chofer explica y sube la gente, renegando, transpirando, aún espero encontrarla entre ellos pero ya débilmente, ausentemente, una certidumbre se me va gestando en el corazón a medida que nos acercamos a La Plata, a medida que aparecen los edificios blancos, casitas bonitas, estaciones de servicio, no sé en qué momento nos pusimos en camino entonces te veo llegar, sábado por la noche, ojos arcanos, cabello humedecido, toda de negro y marrón, me mataste, pienso, camisa en seda bordada pulóver pelo de llama sobre los hombros, sandalias, franja de cuero sobre tu empeine bellísimo y un medallón de hierro: "me mató", pienso, mientras te miro por tras del vidrio y las rejas coloniales, hierro forjado y quebracho en la puerta cancel, me demoro con la gran llave para mirarte bien, las once en punto, sonríes, te beso; cierro la puerta de calle y vuelvo: cenamos con cerveza y dos velones en el ancho comedor, aparece La Plata en la distancia, abro la ventana, enseguida estamos en medio de las calles intrincadas y los pocos autos, la terminal, bajo embotado de pensar en ella con tanta intensidad, una terminal vieja y amarillenta bajo los focos, voy al teléfono público, marco (corazón palpitando en la boca) me atiende un niño, voy a llamarla me dice, oigo tu voz (aún no lo creo): "¿estás aquí, en serio?", me dices, "¿no quedamos en que vendría?", digo, "¿de dónde me hablas?", "de la terminal", "¿en serio?", te ríes, "claro", digo, "¡qué loco!", me contestas, "estaba saliendo para despedir a Papá que viaja a España, está bien, dices, me arreglaré para no ir, me arreglaré, en cuarenta minutos estoy ahí, a las once menos diez tu cuerpo blanco como en La merienda campestre, de Manet, sólo el slip oscuro, bordado, tus pies hermosos junto a los míos, mi cuerpo quemado por el sol, tu delicado olor, me despierto en medio de la noche y te encuentro en mí, tengo que esperar (¿por qué habrá dicho "menos diez"?), pregunto la hora, me voy a caminar por las calles aledañas, esta ciudad me recuerda a Río Cuarto, una avenida ancha, descendente, parecida también a La Cañada; calles oscuras, gente vestida de un modo provinciano, camino media hora y recojo todos los olores de esa noche primaveral yo conozco un lugar, dijiste aquél sábado, bajamos de tu auto pequeño, un boliche coqueto, con escalinatas de piedra, en las afueras de la ciudad, carlitos y cerveza, medialuz, muchachos y chicas danzando tranqui tranqui, "esta noche, es una noche sensacional", decía Porcheto, estoy loco por vos, lo sabes, quizá tú también, pero por qué a la tarde siguiente, luego que todo hubiera pasado y se acercaba el momento de la despedida, antes de cruzar la anchísima 9 de Julio, tuve temor de que me empujaras bajo el horrendo vértigo de los autos, y retiré el brazo que me aferrabas; habíamos andado -después del boliche-, hasta el amanecer, querías ir conmigo a Buenos Aires, vacilabas por los niños, "mañana", te dije, a la postre ahora estaba menos impaciente que vos, "mañana", y qué julepe cuando me llevabas a la terminal y al salir de un giro encontramos una pinza, "como las del proceso", dijimos después, porque hasta pasarla nos quedamos mudos, una mujer joven se ha puesto a darme la lata, me he sentado en un banco sucio de la terminal; me da pena imaginar su decepción cuando Maia aparezca (¿aparecerá?), pero es imposible no ser cortés: estoy contento al mango; la conversación se ha puesto animada, ella se acerca un poco y me cuenta que dentro de una hora va a viajar a Mar del Plata, de repente siento algo, me doy vuelta, allí está, acreciéndose por el pasillo con pantalón negro, escarpines y un buzo amarillo con capucha, el pelo recién lavado; me levanto, dejando a la mujer del banco sorprendida, tus increíbles ojos lapizlázuli se humedecen y sonríen, me besas, suavemente, en la mejilla: "Tengo el auto aquí a la vuelta", dices. Y nos vamos. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;[1918] JC la vio, gorda sobre las paredes, desparramar su grasa de lúbrica pederasta, y la odió. Desnuda, los ojos cerrados como en éxtasis, tomaba sol. JC levantó el fusil, modelo 1909, la encrucijó exactamente entre el alza y el guión, y tironeó el gatillo hasta el primer descanso. Conteniendo la respiración, disparó. La gorda abrió mucho los ojos, verdes, sorprendida por el disparo, y el dolor quizá. Del medio de su vientre acordeonado, blanco, brotaba un chorro de sangre. Después, cayó, con un ruido, que a JC le recordó al de un sapo cuando se golpea con el suelo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;[Septiembre de 1989] &lt;br /&gt;Una hoja de mi diario&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Eran las seis de la tarde. Se estaba poniendo nublado. Ella salió de un bar sin que yo la viera y me tapó los ojos de atrás. Un movimiento breve, como un aletear de pájaro, una broma. Yo había caminado por la vereda de la plaza preguntándome si vendría, aunque con una leve inquietud en el alma que me la preanunciaba. Busqué algún pretexto para estar juntos, la había citado sin motivo expreso y sin que ella me respondiera, ayer; "vamos a ver a un amigo", se me ocurrió decirle. Caminamos, hacia la casa de Alberto Alba que era a quien tenía en mente. [Al llegar allí,] subimos la angosta y penumbrosa escalera hasta el primer piso. La tarde doblemente filtrada por nubes evanescentes y los cristales desdibujaban los contornos, en el descanso. Como Alberto Alba no contestaba al timbre, la besé. Ulla me dejó hacerlo, mansamente, pero no respondió. Sólo puso sus dedos largos en mi nuca y dejó descansar bajo las mías sus caldeadas mejillas. Al salir tomamos un colectivo que llevaba hacia el sur, para ir fuera de la ciudad. El boulevard Diego de Rojas lucía ténue bajo la tarde gris. Sólo andábamos, tratando de buscar un pretexto racional que nos mantuviera juntos. Ella había venido del campo, a cincuenta kilómetros, sólo para esto. Al regresar fuimos al parque, Ulla parecía divertida [inconcluso, rasgado después de la separación].&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;[Octubre de 1989] (Fragmento de Un largo adiós)&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;...Bajé en la esquina donde se levantaba la torre de nuestro departamento. Debía caminar algunos metros sobre una vereda que corría junto a un colchón de césped y canteros floridos. Apenas había avanzado los primeros pasos, cuando la vi. Ulla jugaba, sentada en el borde de una ancha canaleta, con Julita.&lt;br /&gt;-¡Ahí está papá! -le indicó a Julita, apenas verme. Tomándola en sus brazos vino a recibirme.&lt;br /&gt;-Te he esperado, anoche -me dijo.&lt;br /&gt;-Es que no quería ir -contesté brutalmente.-Escucha, Ulla, terminemos esto de una vez. Vuelve a Rodeo, dame a mi hija, estoy decidido y no quiero verte más.&lt;br /&gt;-¡No debes dejarme así!- dijo ella, caminando a mi lado y sin entregarme a Julita. -¡Yo no he hecho nada malo!&lt;br /&gt;-¿Qué te interesa de mí? -dije. -Tú eres una muchacha linda, joven. Yo soy un hombre casado, con hijas. Sólo hemos tenido problemas. Por favor vete, no nos lastimemos más.&lt;br /&gt;En el mismo momento en que nos introducíamos en el hall hacia la escalera, discutiendo, emergió un hombre como de mi edad, que nos escuchó y miró a ambos con curiosidad.&lt;br /&gt;-¡Esto no tiene destino! -continué, repitiendo una expresión propia de la ciudad donde se crió Lucía. Sin detenerme, rechazaba uno por uno los argumentos de Ulla, quien decía sentir mucho cariño por mí, y estaba ahora muy dolida. Así, llegamos al comedor. Era ya cerca del mediodía. Ulla finalmente se quedó. Me había buscado temprano, pero yo ya había salido. Lucía le había dicho que tal vez me encontrara en la librería de Gilda, y hacia allí había ido. Cuando llegó, yo me había ido a la iglesia, Gilda, que conocía mi religiosidad, le recomendó que me buscara allí. Ulla fue a la Catedral, pero no me encontró. Finalmente, había decidido volver a esperarme en el barrio. Lucía la invitó a comer. &lt;br /&gt;Ella me regaló todos sus cassettes. Los había traído en una bolsa, que sacó de su mochila esa mañana.&lt;br /&gt;-¿Los quieres? -me dijo. -Son lo que más amo entre las cosas que tengo.&lt;br /&gt;Otra vez había empezado a hacer calor, pero sin llegar a las temperaturas de días anteriores. Ulla se bañó largamente, yo también lo hice y como a las cuatro de la tarde, pidió autorización a Lucía para que yo la acompañase hasta el centro.&lt;br /&gt;-Quiero invitar a Andrés con una cerveza -dijo - Esta va a ser nuestra despedida.&lt;br /&gt;Lucía aceptó al parecer de buen grado. Cuando pasamos en el colectivo, todas ellas, desde el balcón, despedían definitivamente a Ulla, quien sacaba la cabeza por la ventanilla del colectivo y lagrimeaba. Ya en el centro, fuimos al bar de Los Cabezones.&lt;br /&gt;-¿Quieres oler mi pelo? -ofreció-: Champú natural, me lo enviaron de Alemania.&lt;br /&gt;Se desarrolló entonces una larga conversación. Ella empezó a considerar que no tendría futuro en mi actividad de escritor quedándome en Santiago. Tenía razón, le dije, pero aquí está mi familia y toda la gente que conozco. Además no tengo medios para salir de aquí. "Yo puedo ayudarte, si quieres, enviándote dinero de allá... tal vez no mucho, pero un poco por mes, para ahorrar... y comprar el pasaje... puedes venirte a vivir a España..." Por primera vez ella me sugirió que me separase, pues era evidente la mutua insatisfacción vivida con Lucía. Yo dudaba muchísimo. Esto hubiera sido posible sin mis hijas, sostenía. Ahora es algo que si lo hago, me destruirá. Pero en cierto trasfondo de mi consciencia se presentaba la imagen de mí mismo, instalado en España, y ella viajando desde Alemania para visitarme. Noté sin embargo, que no asumía un compromiso más profundo: deseaba mantenerme como amigo, amante quizás, pero todavía lejos de su casa. Tampoco sentía yo el deseo de asumir tal convivencia, aún en caso de haberse presentado la oportunidad. Desconfiaba de Ulla, de su conducta liberal, su educación independiente, pero particularmente de cierta peligrosa veleidosidad, presente en su carácter. Así transcurrimos mucho tiempo bajo la fresca protección de esas añosas paredes, cuidadosamente decoradas con obras de arte, como ya mencioné. Con discreción se acercaba el mozo, cuando suponía que podríamos necesitar algo. Como a las siete de la tarde, cuando el sitio se pobló un poco más, apareció Artemio Fote, el pintor. Vino a saludarme, y por cortesía le presenté a Ulla. Cuando supo que era alemana se entusiasmó mucho, sentándose sin que lo invitáramos. Esto era aceptable, por cierto, pues nos ligaba una cordial camaradería ya desde hacían varios años atrás. Pero no el modo como acaparó la conversación, dirigiéndose únicamente hacia la muchacha, interesado obsesivamente por sonsacarle datos acerca de las universidades de Alemania, su gente, sus costumbres, puesto que -según afirmó- ambicionaba pedir una beca de perfeccionamiento allí. Nunca dilucidé si Artemio cargaba una leve disfunción cerebral, o si su personalidad excesivamente obcecada -aunque cordial- era clasificable dentro del espectro de lo normal. Transcurría el tiempo, sin embargo, y no parecía darse la menor cuenta de que había interrumpido una conversación reservada, entre dos personas, y persistía en una larguísima inquisición que sólo a él interesaba. Finalmente debí decírselo:&lt;br /&gt;-Disculpame, Artemio -tuve que decirle, con embarazo:- La señorita y yo estábamos conversando sobre algo importante para nosotros... privado... por ello te ruego que nos dejes solos otra vez... no te enojes, por favor...&lt;br /&gt;Como si lo hubiera picado una avispa en las nalgas se levantó, alzando las manos, la boca abierta y expresión de sorpresa inusitada en los ojos:&lt;br /&gt;-¡Disculpame! ¡No sabía! -exclamó- ¡Ya mismo los dejo solos!...&lt;br /&gt;Se fue, con su caminar bamboleante y hombros un poco más desplomados, dejando al darme la espalda una culpa más en mi ya vapuleado corazón.&lt;br /&gt;-¡Anoche te he esperado tanto!... -dijo ella de repente.&lt;br /&gt;-No pude ir. Estaba cansado -mentí.&lt;br /&gt;-Hacía frío... -continuó ella, como si no me hubiese escuchado-. ¡Me hacía frío!... ¡Tenía miedo! ¡Deseaba tanto que vinieras, a cada ruido que escuchaba, me sobresaltaba, y pensaba: "es él... va a entrar otra vez por la ventana"... Pero no viniste... ¡Andrés, te extrañé tanto!...&lt;br /&gt;¡Estuvimos allí con Ulla hasta las nueve y media de la noche! Hoy cobro consciencia recién del tiempo transcurrido. A esa hora salimos, para caminar despacio hacia la Terminal. Ella no quiso irse en el colectivo de las diez de la noche, que ya estaba por partir cuando llegamos. Fuimos a averiguar, y nos dijeron que a las once vendría otro, destinado a Añatuya, pero que pasaba por Rodeo. Decidimos esperarlo. Quiso invitarme a comer, así que fuimos a un bar. Allí, masticando un grasoso e inmenso sándwich de milanesa con lechuga y tomate adentro -el único plato disponible- mientras ella hacía lo mismo, empezó a lamentarse por la separación. Estos iban a ser nuestros últimos minutos, decía . ¿Cómo absorber ese trago, el no vernos más? De pronto, se acordó que para la mañana siguiente habíamos convenido con un amigo, vecino de Rodeo, que con su camioneta fuese a buscar algunas cajas con libros a donde fuese nuestra casa... También debía cargar a Facundo, nuestro perro. Yo había pedido a un peón, a quien le dejé la llave, que se hiciera cargo de la diligencia.&lt;br /&gt;-El perro no va a querer venir con ese hombre desconocido -argumentó Ulla-: y si lo obligan, va a sufrir. Debes venir vos a traerlo.&lt;br /&gt;-No he avisado en mi casa... se van a preocupar... -dije.&lt;br /&gt;-Puedes avisar por teléfono... -indicó.&lt;br /&gt;-No tenemos teléfono...&lt;br /&gt;-¡Oh, avisa a la casa de tu papá, que Pío vaya con el mensaje para Lucía! -insistió ella.&lt;br /&gt;Me convenció. O yo quería que me convenza. Fui a una cabina y pedí por teléfono a mi padre que hiciera saber lo antes que pudiese mi decisión de irme a Rodeo esa noche, para buscar los libros y al perro... &lt;br /&gt;Como no tenía previsto viajar llevaba sólo una camisa. Había refrescado repentinamente; se me puso la piel de gallina y Ulla lo notó. Entonces sacó de su mochila un piloto y me lo puso encima. Sentados en un ancho banco de madera esperábamos el colectivo. Ella aprovechó el movimiento de taparme para empezar a hacerme todo tipo de arrumacos, besarme en la oreja, acariciar mi pelo, refregar su nariz contra mi mejilla. En ese momento, de subyugante placer, estacionó una camioneta frente a nosotros pero no le hicimos el menor caso. Durante algunos minutos -no tengo la menor idea de cuántos- estuvo allí. Apenas noté algunas personas adentro; luego se fue.*&lt;br /&gt;El colectivo llegó puntual y nosotros subimos. Ocupamos los últimos asientos, y en la oscuridad, luego de prodigarnos afecto durante un rato, nos dormimos. Por suerte el guarda se acercó a nosotros para avisarnos cuando llegamos a Rodeo.&lt;br /&gt;En la noche oscura, atravesamos el ancho espacio cubierto de césped por el que caminara tantas veces, tomados de la mano. Ella insistió en que llevara su piloto sobre mí, pese a mis protestas pues de tal modo se privaba de usarlo, cuando hacía mucho frío. Para evitar que la prenda me fuese quitada por el viento, ella envolvía completamente mis hombros con sus brazos, pegando a la vez su cadera sobre mí. De tal modo transitamos la ancha avenida como de quinientos metros que llevaba a la Stiftung, el redondo patio, y ascendimos la empinada senda por donde habían jugado y corrido, tantas veces, mis hijas. Ella abrió la pesada puerta por fin, echó llave por dentro, y nos acogimos a la blanda tibieza del lecho enseguida. Aún fue corriendo hasta la cocina de la Casa de los Alumnos, de donde regresó con dos tazas de té humeante. Luego de eso, comenzamos a quitarnos las ropas, despacio. Después que se hubo quedado en bombacha y corpiño, preguntó:&lt;br /&gt;-¿Necesitas la luz?&lt;br /&gt;Como le dijera que no, apagó la vela. Entonces, en la oscuridad, terminamos de desnudarnos y nos acoplamos.**&lt;br /&gt;No fue una situación particularmente intensa. Si bien lo hicimos pausadamente, con cuidadoso respeto por parte de ambos, yo evitando cualquier movimiento brusco, ella constantemente acariciándome y besando mi rostro, mis ojos, mi boca, mi nariz, mi pelo, estábamos crispados por la tensión, la demoledora maratón sentimental vivida en los últimos días nos había dejado tan golpeados por dentro, que no acertábamos a crear una situación plenamente feliz... ¡teníamos el cuerpo etérico completamente amoratado!... En subconsciente sangraba, además, la angustia de haber dejado solas a mis hijas, tan bruscamente. Esa noche Lucía casi no pudo dormir; de carácter fuerte, como ya quedó dicho, andaba de aquí para allá molesta y acalorada. Fue entonces que Angelita, habiéndose levantado repentinamente de la cama, caminó un trecho para ir a chocar con la punta de una ventana de metal, muy aguda, que le provocó un corte sangrante sobre su cabecita. Esa herida me la atribuyó Lucía a mí, a mi indignidad, a mi estulticia; yo, de buen grado lo acepté. Me culpo de esa herida, pues sé que los cuerpos etéreos están indisolublemente ligados, y cualquier desequilibrio en los factores hasta entonces establecidos puede provocar consecuencias graves, que se manifiestan igualmente en el plano físico.&lt;br /&gt;Después de ese acoplamiento nos quedamos dormidos. Sólo un rato. ¡Estábamos demasiado tensos!... Por machismo o impaciencia quise suscitar otro acoplamiento y ella aceptó solícita. ¡Pero no pude lograr la erección! Luego de varios intentos, exasperantes, de un modo típicamente humano sugerí que era ella quien no lograba excitarme. "No importa. Yo te enseñaré como hacerlo, después", fanfarroneé. Con ingenuidad no desprovista de sentido común ella se asombró:&lt;br /&gt;-¿Vas a enseñarme? ¡¿Cuándo?! ¡Ahora yo debo viajar!...&lt;br /&gt;Al llegar la mañana ella corrió hasta la Casa de los Alumnos a calentar una pava, para ofrecerme mate, como último agasajo antes de separarnos. Pero también resultó un fiasco. El agua estaba demasiado caliente, el mate era un pequeño recipiente de metal, con manija... ¡Para un argentino, tomar mate en esa tacita de juguete era casi una afrenta!... Ignoré el asunto, aceptando tres o cuatro mates lavados antes de vestirme. No íbamos a despedirnos aún. Yo debía ir hasta la que fuera nuestra casa, esperar allí a Mércuri, mi amigo, para cargar en su camioneta las cosas, al Facundo y recién irme. Antes de salir, iba a pasar para saludarla.&lt;br /&gt;Mércuri fue puntual. Hicimos lo necesario y volvimos. Él detuvo la camioneta, con el motor prendido, frente a la puerta de la Guardería...&lt;br /&gt;-Sólo unos instantes... -le pedí.&lt;br /&gt;-No te preocupes, andá tranquilo -dijo él.&lt;br /&gt;Pero no quise demorar más, sólo entré un par de minutos, lo suficiente como para darle y recibir un fuerte abrazo, para secar sus lágrimas con mis manos. Nos besamos, una sola, larga vez.&lt;br /&gt;-Te quiero... -dijo ella, por fin.&lt;br /&gt;-Yo también te quiero... -dije.&lt;br /&gt;-Yo también te quiero... -repitió. Nos abrazamos.&lt;br /&gt;-¡Te quiero! ¡Te quiero!- murmurábamos al unísono, apretándonos mucho. Finalmente la solté de golpe, y salí. Ella asomó su rostro por el espacio que dejaba el portal entreabierto... los ojos se le habían puesto rojizos, la cara mojada brilló unos segundos reflejando el primer sol.&lt;br /&gt;No sé lo que hablamos con Mércuri por el camino. Al llegar a casa, Lucía conversaba con mi prima en la vereda. Sangrando mi corazón subí todos los cajones y nuestros últimos, pequeños muebles traídos de Rodeo, de a poco, fatigosamente, recorriendo una y otra vez la escalera. Por fin me despedí de mi amigo, le agradecí.&lt;br /&gt;Cuando entré al baño para asearme un poco recién pude mirarme el rostro. ¡Era un espectro! Pálido, ojos hundidos, crecida barba. Desde la ventana de mi nariz, bordeando la canaleta divisoria del labio superior, hasta la boca, se levantaba una extraña, gruesa erupción, rojiza; como una oruga purulenta, que se hubiese infiltrado insidiosamente bajo mi piel. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ulla me mira a través de las lágrimas y sus ojos clarísimos expresan desesperación por primera vez. La nariz se le ha puesto roja, como la boca, dulce, carnosa, que se tuerce hacia abajo con desolación. El pelo de oro fino y leve da la impresión de haberse tornado radicalmente lacio, como si sobre él hubiesen apoyado una plancha. "Te quiero", dice. "Te quiero". No sabe componer mayores discursos en castellano -quizá en alemán tampoco sea de las mujeres que parlotean constantemente; la he oído, sin embargo, conversar con animación durante largos ratos con otros alemanes; aunque siempre con ese tono pausado en su voz un poco nasal. No nos veremos más, quizá. No volveremos a estar juntos otra vez, posiblemente. Y esa desesperación que vierten sus ojos como un cántaro luminoso es por comprobar de repente -particularmente ella- la necedad de muchas conductas anteriores, el no haber aprovechado los innumerables momentos en que estuvimos juntos, o pudimos estarlo, durante este largo año de convivencia.&lt;br /&gt;No la veré más no sólo a ella. No veré más estos tenaces campos florecidos de mielga hasta el horizonte y los ceibos rojidulando el siempreamante cielo, a los costados de la acequia; no veré más los álamos achicándose, avanzando como hermanos desde el misterioso manantial hasta mi casa, no veré más mi casa, esa gloriosa y rústica y gigantesca y entrañable y sin terminar, refugio de mis hijas, depósito etérico de sus vocecitas de sus juegos, mi casa, construida contra todo y con todo lo que mi mano pudo alcanzar, con fe, con amor indómito para mis chiquitas... no la veré más. O quizás la veré, quizás; pero ya no será mía.&lt;br /&gt;Ulla está desconsolada. Cada uno llora lo suyo. A pesar de que no se habla mucho -¡tampoco hay tiempo!- su alma es translúcida, hoy. Se culpa de no haberme amado lo suficiente, cuando me tenía a su alcance. De haber puesto demasiados obstáculos. No debería hacerlo -al menos, no al extremo- es sólo una muchacha de 24 años, cumplidos hace unos días.&lt;br /&gt;En cambio soy un curtido jugador de cuarenta años -también cumplidos hace muy poco- que otra vez, una vez más, ha sabido acomodar los naipes, sobre el filo del desparramo, para no perder. Pero ¿qué es perder? ¿En qué consiste el "éxito" esta vez? Valiente victoria, la que me deja solitario, desterrado, aunque Ulla haya reconocido que me ama, haya decidido darse de cuerpo y alma en estos últimos instantes y esos días, de qué me sirve, digo, ser el que en realidad se va, pues antes que ella viaje mañana, y ya me he ido, he vaciado mi casa, que se eleva a cien metros de distancia cruzando el puentecito por entre la umbrosa arcada ceibal sobre la acequia, he vaciado estos campos, de todo lo que puse aquí, de mis afectos y también de mí, los he vaciado con astucia, con frío cálculo, para que sea ella la que se quede aquí, como está ahora, en la que aún es su casa, adonde vivimos segundos perpetuos, bienaventurados, aún es su casa, aunque sea por un día más, donde se quedará sola, llorando nuestra separación, la mordiente comprensión de su profunda necesidad de mí, como lo hizo durante la penúltima noche, al sentir que ya nunca más estaría a su lado para quitar el frío de su cama. Pero no he ganado, como pensaba, sino estoy sin alma.&lt;br /&gt;Debo irme. Afuera la camioneta de mi amigo -pacientemente sentado frente al volante con el motor en marcha- me espera. ¿Son cinco minutos? ¿Son tres? ¿Cuánto pasa desde que dijese a mi amigo "esperame un poquito por favor"? Había pasado la noche con ella. Mi amigo había venido a buscarme por la mañana. Cuando apareció su camioneta yo estaba en casa, preparado con los últimos bultos para llevar hacia la ciudad y nuestro perro al lado. Ahora me voy, ahora dejo este exuberante campo, este territorio de apartamientos y aventuras, este lugar donde se concentraban magnéticas potencias cósmicas, donde se habían renovado mis ilusiones de un mundo mejor, soñando con "la Comunidad Cristiana": la Fundación, el Centro de Capacitación Rural para aborígenes desterrados, la Cooperativa de Exportación melífera para pequeños apicultores sin mercado, sostenida por alemanes pero también, ¡ay!, muy bien aprovechada por ellos. Ahora me voy, dejando aquí hecho jirones un gran pedazo de mi alma. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;* Algún tiempo después, Lucía conoció a una mujer en la casa de mi prima, quien también habitaba el Autonomía. Dicharachera, le contó que me conocía desde la adolescencia. "Incluso salimos juntos" avanzó. "¿Ustedes están separados?", preguntó. Al negarlo Lucía, fingió sorpresa (típica actitud hipócrita de las santiagueñas). "Yo lo creía... -exclamó- porque lo he visto a Andrés muy enamorado, en la Terminal". Supongo que luego le contó muchos detalles de lo que vio, pues una y otra vez Lucía me lo recriminaría, indignada. Eran ellos, con su marido e hijos, quienes estaban en aquella camioneta que de un modo tan impertinente se había estacionado frente a nosotros, sin que los tomáramos en cuenta. &lt;br /&gt;** Revisando los acontecimientos con obsesividad luego de su partida me maldecía por haber accedido a que apagase la vela. ¿Por qué no ampliar nuestra felicidad permitiéndonos la contemplación mutua, el prolongar la entrega generosa que nos concedíamos permaneciendo toda la noche allí, bajo la tenue luz, efectuando, como un ritual religioso, nuestra última copulación? La única explicación que se me ocurrió fue el haber llegado a esta cumbre cansados, culposos, negándonos a reconocer nuestro amor, debido a lo cual asignábamos a una situación buscada con pasión durante tanto tiempo, mucha menos importancia de la que en realidad tenía.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;“Dónde estarás, dónde estaremos desde hoy, dos puntos en un universo inexplicable, cerca o lejos, dos puntos que crean una línea, dos puntos que se alejan y se acercan arbitrariamente” (Julio Cortázar - Rayuela)&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/11699459-111179490962390481?l=panaderos.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://panaderos.blogspot.com/feeds/111179490962390481/comments/default' title='Post Comments'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=11699459&amp;postID=111179490962390481&amp;isPopup=true' title='0 Comments'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/11699459/posts/default/111179490962390481'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/11699459/posts/default/111179490962390481'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://panaderos.blogspot.com/2005/03/fugacidad-del-amor.html' title='Fugacidad del amor'/><author><name>Julio Carreras</name><uri>https://profiles.google.com/102613398769440684916</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='32' src='//lh5.googleusercontent.com/-V2EMWaLI-yI/AAAAAAAAAAI/AAAAAAAAKGA/1P9YRKv4WZ8/s512-c/photo.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry></feed>
